¿Tiene limites la Democracia?

¿Tiene limites la democracia?

Me lo pregunto a raíz de la discusión que se a dado en el post ¿Que? (más abajo en este mismo blog).

¿Debe la democracia (o mejor, los demócratas para no hipostasiar nada) permitir participar a aquellos que no creen en ella o la enfrentan sólo instrumentalmente?

O más explícitamente ¿debemos permitir que grupos como los nazis -por ejemplo- participen en el juego democrático en igualdad de condiciones?

Y no sólo los nazis. Hace poco se planteo la realización de un Congreso Internacional de organizaciones revolucionarias y de carácter guerrillero acá, en Santiago de Chile.

Pero ¿Son comparables los movimientos armados de izquierda al movimiento o partido nazi?

No sé…
La pregunta no me resulta trivial ya que yo fui parte –hace bastantes años ya (y no me siento culpable ni nada parecido) cuando cabro durante la dictadura- de un movimiento de carácter revolucionario que asumió la necesidad de las armas (hoy soy un apacible e inofensivo socialdemócrata)…
Yo creo que no, que no son comparables, pero claro, estoy teñido ideológica y vivencialmente (y la pregunta si bien me resulta absurda debe ser plateada)

(Una diferencia me parece es que pertenezco a una generación en que la lucha por el socialismo se confundió –para bien- por las necesidades del momento con la lucha por la democracia.)

El tema es que si le ponemos limites ¿cual es el criterio? O quizá más importante ¿El criterio de quién? Pues nuestras democracias tampoco son inocentes, ni nosotros somos franciscanos.
¿Es autentica una democracia en que parte de los actores políticos reales son excluidos por inconvenientes?
¿Es posible una democracia auténticamente pluralista? ¿O sólo un sueño de ilusos?

Ya lo he dicho; la ideología nazi me resulta claramente delincuencial y que su exclusión más que a discriminaciones políticas obedece a razones de orden público. Pero esa es mi opinión y como tal tiene un carácter posicional que no puede ser negado. Y que no tiene porque negar el entramado posicional posible que conforma el juego democrático.

¿Debemos poner limites?
¿Y si la gente en masa decide equivocarse? ¿Acaso no es un costo del mismo proceso?

¿No será que la democracia en sí es insostenible?
Pero los procesos sociales y políticos no operan desde un esencialismo u ontología del sí, son practicas concretas y cotidianas, y la Democracia Ideal no existe salvo como simbólico legitimador de nuestras Democracias Reales, que no tienen porque ser democráticas (aunque es lo que preferiríamos)

Por eso, y ahora con la mano en la guata y no en el corazón o la cabeza.

¿Queremos ponerle limites a nuestra Democracia?

Eso.

Alkkano.
Un beso en la oscuridad.

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6 comentarios

  1. kamarata… me gustaria poder decirle mas pero en este tipo de estacios hay que administrarse… Usted esta citado entre comillas y cursiva:

    “El tema es que si le ponemos límites ¿cual es el criterio? O quizá más importante ¿El criterio de quién? Pues nuestras democracias tampoco son inocentes, ni nosotros somos franciscanos.”

    El tema es que la idea griega de democracia, falleció en el mundo moderno, las democracias hoy, no son, en el sentido griego de las cosas, el gobierno de las mayorías; son, como ha dicho algunos cientistas políticos, modelos de gobernabilidad.
    El equilibrio de los grupos sociales que ostentan una parte del poder.

    “¿Es autentica una democracia en que parte de los actores políticos reales son excluidos por inconvenientes?”

    Sip, porque la validez democrática no esta dada en ningún caso por la participación
    Esta dada por el acceso al poder o la influencia que posea de terminado grupo social, en este mismo sentido, es pernicioso, cualquier grupo social que atente contra el equilibrio, de las fuerzas que componen el modelo democrático.

    “¿Es posible una democracia auténticamente pluralista? ¿O sólo un sueño de ilusos?”

    No es Iluso…. Es poco realista, el pluralismo, esta solo reducido al discurso, y a niveles específicos del quehacer político nacional, que en suma nos son sino parte integrante “tambien” de la estabilidad de un modelo democrático moderno.

    “Ya lo he dicho; la ideología nazi me resulta claramente delincuencial y que su exclusión más que a discriminaciones políticas obedece a razones de orden público. Pero esa es mi opinión y como tal tiene un carácter posicional que no puede ser negado. Y que no tiene porque negar el entramado posicional posible que conforma el juego democrático.”

    Si pero no se trata de analizar, desde un punto de vista maniqueo de la moral, la posibilidad de inclusión o exclusión de cualquier grupo social, porque el juego democrático funciona solo, con y para aquellos que están insertos en la dinámica que reparte y administra el poder en democracia. En ese sentido no solo los nazis son excluidos.

    “¿Debemos poner limites?”

    Nop, para auto-regularse el modelo es tremendamente eficiente.

    “¿Y si la gente en masa decide equivocarse? ¿Acaso no es un costo del mismo proceso?”

    La gente “en masa” se ha equivocado, la historia nos ha enseñado eso en forma muy dolorosa.

    “¿No será que la democracia en sí es insostenible?”

    Habría que definirla, como ya dije antes, esto es un modelo de gobernabilidad, que es compatible (y adecuado a) con el modelo económico que se ha venido imponiendo desde mediados del siglo pasado.

    “Pero los procesos sociales y políticos no operan desde un esencialismo u ontología del sí, son prácticas concretas y cotidianas, y la Democracia Ideal no existe salvo como simbólico legitimador de nuestras Democracias Reales, que no tienen porque ser democráticas (aunque es lo que preferiríamos)”

    Exacto; en se sentido te doy la razón al pensar que la democracia “moralmente correcta” es una utopía política, tal vez sea porque si bien una sociedad, como conjunto puede propender hacia “una moral correcta”, muy pocos hombres viven dentro de “una moral correcta”, en ese sentido, al hombre lo definen sus grandezas pero también sus debilidades.

    “Por eso, y ahora con la mano en la guata y no en el corazón o la cabeza.

    ¿Queremos ponerle límites a nuestra Democracia?”

    Sería lindo poder responder a eso, pero esa… no es nuestra decisión

  2. MMmmmmmm Está claro que la democracia no digamos moderna sino en la actualidad, o sea esa que se construye y funciona con y entre los códigos del Capitalismo Mundial integrado (por poner un nombre entre otros)- no se define por los problemas que efectivamente soluciona (las desigualdades del socialismo, o la falta de libertad del capitalismo añejo, por ejemplo) sino por los problemas que asume como suyos, Entiéndase la gravedad del asunto, porque se juega un poco entre un delgado hilo que va del no reconocimiento de un problema o cuestión hacia el reconocimiento que posterga soluciones efectivas en favor de las alegóricas o peor aun meramente simbólicas en algunos casos (pensemos en la gamba con la cara de la Machi por ejemplo). Entonces que es lo que debe determinar la democracia, o preguntado en terminos shakeanos cuál es el límite. Creo que la pregunta resiste otras formulaciones -rastreables desde las determinaciones historicas de la democracia griega y romana por supuesto- y es en relación con qué y cómo se da la relación entre lo social y la estructura del poder que lo sustenta, representa o bien produce. Es decir, cual es el antecendente en la relación ciudadano gobernante, y lo social y el poder. Porque si bien -tomando el ejemplo de trasgresión delincuencial que el nazismo implcia- los grupos neonazis están fuera del juego democrático en tanto no tienen representación en las instancias institucionales, si la tienen en el ámbito social -tanto que HAN PODIDO, matar a otro individuo por pensar distinto- Luego, ¿institucionalidad democrática debe PODER representarlos? o bien, en tanto se trata de un atentado a una de las promesas que la domocracia asume como tarea -a saber, el pluralismo y respeto a la diversidad- debe ser reprimido por el aparataje que el Estado posee para ello? ¿Cual es el lugar de la paideia en sentido clásico que resta en la institución democrática actual (por razones obvias, evito deliberadamente decir Estado en este punto)?. ¿Cual ha de ser la función última de la democracia? ¿¿¿Seguira siendo el evitar la lucha de todos contra todos???? De ser así -con Hobbes- y sólo pensado con un caracter previo a la cualquier ética (y en este sentido creo cerrar sin caer en violencia innecesaria algo planteado en los comentarios del envío ¿qué?) desde la necesidad material de evitar la lucha de todos contra todos, es que se hace menester una administración racional de la violencia (espero no tener comentarios del tipo: DEFINE ADMINISTRACIÓN; DEFINE: RACIONAL; DEFINE: VIOLENCIA, frente a ellos sugiero releer el Leviatán), la misma que al perder su caracter de racional -como se da en el caso del terrorismo de EStado, practicado por ejemplo por el genocida chileno- justifica la lucha armada y de la otra por la reinstauración de esa racionalidad cuyas formas pueden ser variadas en respuestas a diversas condiciones historicas, el que piense que la democracia chilena es irracional se equivoca, no resuelve todas las injusticias sociales qeu la sociedad de consumo produce pero es completamente racional, a su vez el qeu piense que el estado revolucionario cubano es irracional se equivoca y de hecho resuelve mas problemas sociales que los que produce el que tenga dudas que le pregunte a Allamand.
    Eso, tengo sueño asi que despues seguimos conversando
    Saludos allendianos

  3. Quise pegar el texto que fortuitamente se encontraba en el blog de un amigo, porque mucho tiene que ver con esto…..

    http://poiquilotermo.blogspot.com/

    Aproximaciones al Concepto de Alteridad. ¿es necesario respetar al otro siempre?

    Luego de indagar un poco en la literatura antropológica más básica nos encontramos con un concepto del todo relativo, difuso y susceptible a todo tipo de interpretaciones, a saber: La Alteridad. Según Tzvetan Todorov, filósofo ruso auto exiliado en Francia ante la emergencia del régimen stalinista, la Alteridad corresponde a un constructo analítico sistemáticamente oculto en la historiografía occidental desde sus albores bajo el eufemismo de “enemigo” o “exótico” o en términos prácticos, todo aquello ajeno a la mismidad de Europa dispuesto a ser mutado en correspondencia a los intereses de quien lo describe, es decir, el europeo. Dicho de otro modo, la alteridad en tanto concepto nacido en el estudio de las sociedades occidentales, da cuenta de grupos sociales con participación concreta en la realidad cuya forma de organización, conjunto de costumbres y creencias, e incluso apariencia fenotípica, se presenta ante el grupo que observa como un universo totalmente distinto en todos los aspectos posibles de describir.

    La emergencia de la Alteridad como concepto se debe en general a la expansión imperialista del sistema económico europeo desde el siglo XV en adelante, y se convierte en problema de estudio científico, cuando los “otros” hacen soberanía efectiva en territorios colmados de recursos naturales fundamentales para la conservación del modelo capitalista comercial ad-portas de transformarse en capitalismo industrial en los albores del siglo XIX. El problema es el siguiente: ¿cómo legitimar la usurpación de recursos ajenos que nuestra cultura considera valiosos, y a la vez, desaprovechados por quienes habitan sobre o entre ellos?. Como la pregunta escapa al marco jurídico adentrándose en la teoría del valor, la respuesta fue de índole político y práctico: el otro está destinado (léase en ingles doom) a sucumbir ante las prerrogativas del grupo conquistador pues, su estado de la técnica imposibilita todo tipo de resistencia militar imaginable y el mismo (occidental) está tambien obligado a inyectar por la fuerza su forma de interpretar la naturaleza, para integrar de modo desventajoso a los conquistados, quienes ahora pasarán a formar parte del mundo oficial, como un anexo proveedor de materias primas, trabajadores nulamente cualificados y mercado de consumo esclavizado a la industria foránea. Eso en buenas cuentas es lo que se ha conocido como civilizar en nuestra noble historia universal.

    Afortunadamente el concepto de Alteridad nos es útil para intentar explicar fenómenos sociales menos tristes que la colonización y conquista. En psicología por ejemplo, la alteridad es fundamental en el período de la adolescencia, pues la imagen del otro, permite por defecto, mediante la comparación y proyección, constituirnos como una mismidad. Dicho de otro modo, nos enteramos de nuestra individualidad sólo luego de cotejarnos en sociedad otros distintos a nosotros, y por lo tanto, nos reconocemos como únicos en loa medida en que somos distintos al otro. Suena obvio o estúpido, pero no es de otro modo. Fíjense en un quinceañero que ha comprendido tardíamente que el mundo es injusto, que no cree en dios y que el mundo fue y será una porquería; ante este dilema decide ser punk y para sentirse tal requiere quizás por un imperativo interno incomprensible, mostrarse al mundo entero como otro, con el fin de sentirse distinto. Si el ímpetu juvenil madura en una forma de ver el mundo similar pero más moderada, lo más probable es que el mohicano y las cadenas puedan bien ser reemplazadas por una corbata y un buen traje, pues la personalidad de este ex adolescente ya goza de mayor firmeza y no necesita mostrarse al mundo como otro, pues la diferencia ya se a transformado en un estilo de vida.

    El concepto de Alteridad también permite abordar fenómenos sociológicos como la interacción de distintos grupos y actores sociales al interior de un Estado determinado. Si entendemos al Estado como Hobbes y el Leviatán o como la institución que monopoliza el ejercicio de la violencia, mediante el imperio de la ley impersonal y objetiva, no obstante debemos reconocer que en su seno, dentro de lo que llamamos nación (la gente de a pié que vive y trabaja sin saber necesariamente de estas discusiones filosóficas) existen subgrupos sociales que conviven y se organizan de un modo que desafía los parámetros impuestos por el todopoderoso Estado, pues los contradicen directamente como anarquistas u opositores recalcitrantes, o bien los ignoran en pos de ideales mayores como evangélicos cuya nacionalidad habita en la ciudad de dios y no en la de los hombres o las minorías indígenas que responden a una ética anterior a la constitución de los estados modernos. Estas sociedades que escapan al modo de vida que impone el Estado a través de sus instituciones y leyes son una Alteridad inherente a las sociedades modernas, participan de la sociedad en su conjunto mediante el mercado del trabajo, pero se alejan de él en lo respectivo a modos de vida e ideales trascendentes. Sin embargo todos juntos, en ejercicio dialéctico o en franca cooperación, construyen la sociedad del futuro y es el ejercicio del concepto de Alteridad el que ha logrado reconocer el valor histórico de estas minorías olvidadas y muchas veces discriminadas o francamente perseguidas.

    Ahora y a la luz de las reflexiones anteriores, dejo en el tapete una pregunta fundamental que no responderé pues no conozco su solución pues socava en lo más profundo los cimientos de mis constructor conceptuales y teóricos.

    ¿Qué hacer cuando nuestro otro se transforma en nuestro Némesis, o peor enemigo? ¿Cómo responder con tolerancia a un otro que tiene por principio máximo eliminar a sus diferentes por el bien de su mismidad? ¿Es lícito asesinar a un nazi porque asesina? ¿Acaso borrar la diferencia no es su objetivo máximo? ¿Qué hacer cuando nuestro otro es nuestro jefe, lo respetamos cómo respetamos al mapuche, con quien nos conmiseramos sólo porque se encuentra en desventaja económica y política frente al enemigo?

    A fin de cuentas

    ¿Cómo comprender a quienes aún magnifican a Augusto Pinochet quien a la luz de los datos históricos es el peor de todos los presidentes de Chile?

    De seguro el concepto de Alteridad al cabo de una generación solucionará nuestra truncada reconciliación, sin embargo mi corazón impide que comprenda siquiera en lo más mínimo que alguien, de nuestra clase social, apoye a quien a matado para la consecución de un objetivo obtuso y egoísta.

  4. A ver, lo que yo puedo decir es sencillo.

    Si la democracia es una irrupción, una fuerza de expansión caótica y constante ante las voces disidentes, entonces es necesario recordar que una fuerza no es delimitable. Y que los nazis y los guerrilleros también son parte de la democracia, como voces emisoras. El Estado es un código, que se innova poyécticamente cada vez que un emisor pone en cuestión sus límites. Si la noción de estado-en-cuanto-código es flexible, como ya he dicho, entonces la democracia como juego en su función poética (Jakobson, para continuar con la danza de los rusos) es la presencia misma de su flexibilidad.
    El Otro como una necesidad, como una “presencia” comunicativa. No puedo suprimirlo. Yo implico el Otro. La democracia es el espacio caótico de emisión, el juego que mantiene vivo a un Estado, que de otra forma se anquilosa, se dictatorializa.

  5. A’er.
    Me parece interesante el generar una genealogía del Estado pero habría de tener en cuenta que éste no obedece a una generación lineal; que son distintas las formas de gobierno latinas con un estado central fuerte y las formas nórdicas donde la comunidad y sus formas organizativas frente al estado juegan un papel preponderante y que por tanto los lugares de culturización y enpoderamiento también difieren dependiendo del modelo político especifico al que nos refiramos.
    Y eso es importante cuando Allendenko dice Allendenkamente: “Administración Racional de la Violencia”. Porque no todas las racionalidades son iguales, ni todas la violencias tampoco; porque las sociedades son diferentes. Y eso es lo que impìde que la genealogía del modelo (democrático) sea la genealogía del concepto.
    Si algo reconfortante muestra la globalización es que el afán homogeinizador cultural de la modernidad fue un fracaso.

    De acuerdo con Extraviador en el concepto, pero las Democracias Reales no funcionan así (basta ver en Chile el caso Schaulsohn). Con Romanovich hemos discutido esto un millon de veces, imnposible no estar de acuerdo con su lectura, aunque pretendo ser un poco más optimista.

    Cierto, la democracia debiera dar cabida a todos, y mientras nadie cometa un delito, debiera también tener derecho a expresar su pensamiento.
    Una idea no puede ser un delito. ¿Pero cuando sus consecuencias lo son?

    Bueno…

    Hecho de menos a Anarkángel en esta discusión.

  6. Darle cabida al “otro” es una manera eficiente de “racionalizarlo” y castigarlo,es la mejor manera de sobrevivir para la democracia

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