De paso…

De paso por Chile unos días (me quedo por aquí dos semanas) me toco vivir la experiencia del Transantiago; y en mi caso, no fue una mala experiencia. Claro…, que yo no lo uso en horario punta, que no soy mujer y nadie me acosa en los buses o en el metro, que los trocales pasan por el lado de mi casa; es decir, que en definitiva soy un usuario privilegiado.

Leía que algunas empresas aún retienen el 40% de su flota en los terminales sin sacarlos a la calle. (lo que en definitiva confirma que en este país mas que empresarios lo que hay es gente con plata, que es bien distinto)

Lo que sí no entiendo (y lo converzaba con Carolina) es que la gente le pida a la Presidenta o al Ministro de Transporte y Telecomunicaciones que le arreglen el problema; es decir, aun cuando ineludiblemente la autoridad tiene responsabilidades por la puesta en marcha de un plán de transporte que ha sido efectivamente mal implementado; si consideramos que por una parte los problemas de implemantación corresponden a “empresarios” ineficientes o francamente inescrupolosos y que por otra parte en este país por las normativas vigentes la autortidad no es la propietaria de los medios de transporte, la pura queja de características gastro-intestinales contra el Gobierno y la Admistración del Estado me parece un desatino político francamente lamentable y que a la larga sólo sirve para cuestiones e intereses bien distintos a la solución de los problemas de circulación y transporte de los chilenos y por lo mismo -desde algunos sectores políticos (específicamente la Derecha)- claramente mal intencionadas.

Tan erroneo como que en un país de consumo salvaje los consumidores no se empoderen de su rol y reclamen a las empresas que ganaron la licitación que cumplan de una vez por todas con las bases de ésta.

Me podran decir que no existe reconocimiento judicial -en la practica- de la exigibilidad ciudadana respectos de sus derechos, y ese es un tema en el que podemos estar de acuerdo; pero nadie puede argumentar eso, si no parte por dotar de un cuerpo real esa exigibilidad a partir de acciones concretas y sólo se dedica a llorar y patalear como un quejica, aguantando la respiración a la espera que papa Estado resuelva todos y cada uno de sus problemas.

La idea de un Gobierno Ciudadano es precisamente lo contrario.

Y esa es efectivamente (si le concedemos el privilegio de la credulidad) el gran fracaso y la gran tara de la Administración Bachelet en un país con una dependencia patológica de la autoridad.
Si aceptamos que en este peri0do presidencial una de las metas era la implementación de un Gobierno de tipo ciudadano tenemos forzosamente que aceptar que durante este Gobierno eso es precisamente lo que no ha pasado, y que no sólo no ha sucedido sino que frente a contigencias -como la de los escolares- que pudieron haber sido direccionadas hacia este objetivo, el accionar de la Administración ha sido claramente hostil.

O son ineptos o son farzantes…

Yo prefiero pensar lo primero.
(claro que no es más alentador)

Ahora la Presidenta envía un (en la práctica efectista) plazo-ultimatum por medidas para resolver la crisis a su consejo de ministros re-situando el problema en la autoridad eludiendo nuevamente la perspectiva ciudadana.

Ojala que atinen.
Ojala que el plan se implemente a cabalidad y los malos operadores respondan por este caos.
Pero por sobre todo, ojala que la gente se de cuenta de una vez por todas que el Poder le pertenece y que son -en su condición de Ciudadanos- los principales responsables de su gestión.

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