Unasur y Evo Morales.

Yo soy de la concertación (socialista específicamente). He escrito muchas veces contra ella en éste blog, he escrito muchas veces criticando a Bachelet en éste blog, y a Lagos y a muchos dirigentes y políticas de la concertación.
He criticado al Estado de Chile y, al Estado en general (“general”, que fea palabra 😛 ). He criticado incluso la noción de democracia.
Me parece que la autocomplacensia no es el camino a seguir, menos en un país con una flagrante mentalidad autoritaria y menos aun con toda la herencia que aún 20 años depués, queda de la dictadura. En un país en que la mentalidad neo-liberal es hegemónica, inclusive en la izquierda más radicalizada.
Me parece que la autocomplacensia no es la vía para generar cambio en el cambio…, y lo que es peor; me parece que la autocomplacensia es el camino que se ha escogido una y otra vez en Chile desde el ¿retorno? a la democracia.

Sin embargo, me parece -también- que ahora ha hecho [Bachelet] algo de una trascendencia mayor de la evidente (y que ya es mucha.)

La reuníon del Unasur, éste lunes 15 de septiembre en Santiagio de Chile, es algo más que un acto en defensa de Bolivia y de su presidente constitucional, frente a la asonada reaccionaria y genocida de una oposición a la que sólo le falta el bigotito y la swástica en brazo. (Asonadas que en Chile conocemos muy bien). Es también una declaración de soberanía regional.

¿Acaso los latinoamericanos no son dueños de defender su propio destino y defender sus democracias a espaldas del imperio?
EE.UU. declaraba -depués de la expulsión de su diplomático en La Paz- que “el señor Evo Morales ha ido está vez muy lejos”.

A ver…

En primer lugar no es el señor Evo Morales, es el Presidente Constitucional y democráticamente electo de Bolivia. Y si no nos apuramos, también es Apu Mallku, título antes ostentado por Tupac Amaru. (pero claro, eso al Imperio no le importa, a no ser que sea Blanco, Anglo-Sajón y Protestante).

Y en segundo lugar, un Estado se encuentra en todo el derecho de expulsar a cualquier y todo diplomático, que considere implicado en tareas de espionaje y sedición. EE.UU. dirá que no es así (y no reservamos el derecho de creerle o no), Pero el Presidente Evo Morales, sólo hizo uso de una atribución.

Y si a alguien no le gusta, bueno…, como dijo Chavez: ¡¡¡SE VA AL CARAJO, AL CARAJO, AL CARAJO!!!.

América-Latina, esa…, la morena, la bonita, de a poco va encontrando un camino -conducida desde las más diversas experiencias, con la mayor variedad de grados de diferencia (de Lula a Correa, de Chavez a Tabare) y de profundidad- de independencia, soberanía y autoreconocimiento.

Hace un tiempo discutía con un chicos marxistas aquí en Argentina, y les decía -y aún lo sostengo (y lo he escrito antes en éste blog)- que en países como los nuestros la contradicción fundamental no es en lo inmediato la contradicción de clases, sino que está mediada. Que al haber pasado los países centrales sus costos de producción a la periferia, la contradiccón principal sigue siendo la soberanía; y ahora que del capitalismo multinacional, pasamos al transnacional y globalizado, los fenomenos de des-localización y flujos golondrina, nos obligan con más fuerza que nunca a levantar esa soberanía tantas veces pisoteada.

Y en ese proceso, iniciativas como la reunion del Unasur es central, es un hito de autorreconocimiento continental y me parece valorable.
Y eso, sí se lo reconosco a la Concertación y a Bachelet.

No creo que sea un proceso definitivo e irreversible; pero sí es un proceso en el que debemos profundizar.

Otro tema del que no voy a hablar son las nefastas críticas y declaraciones decalificativas al proceso, de esa Bestia Inamible de la derecha criolla, Carlos Larraín; pues es evidente -como señaló un personero de gobierno- la tremenda diferencia entre una presidenta como Bachelet y un viejo oligarca latifundista como Larraín (bueno…, él no uso esas palabras, pero la idea es la misma 😛 ).

Y bueno, es tarde, y me tengo que ir (estoy en un Cyber), pero es algo sobre lo que me gustaría seguir escribiendo.

Ojala estén todos bien.
Y más libres… y, más soberanos.

Un beso.
Mario.

35 años…

Hoy -11 de septiembre- hace 35 años, Chile vivio uno de los momentos más cruentos de su historia.
Un día como hay hace 35 años, las fuerza armadas y los dueños del país (apoyados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos) acababan a sangre y fuego con el sueño de millones de chilenos, en la -sin precedentes- experiencia de la transición democrática y no violenta al socialismo.
Acababan no sólo con la vida del Compañero Presidente Salvador Allende Gossens, sino que también con miles de vidas en la mayor orgía de violencia genocida que recuerde nuestra historia.

La Moneda en llamas (La Casa de Gobierno) y la violencia desatada contra la residencia personal del Compañero Presidente, son símbolo inequivovo de una vocación y expresión palpable de un desafío, planteado y tristemente realizado por la reacción. La vocación de exterminio y el desafío de la recosnstrución de un país donde las masas populares y trabajadoras no sean actor protagonista y fundante de su propia historia.

Es mucho lo que se ha escrito acerca del proceso de la Unidad Popular. Es mucho lo que yo he escrito antes en éste blog.

Por eso hoy no escribo sobre eso.

Por eso hoy quiero reparar en lo no episódico del episodio. En lo no contingente.

Hace unas horas escuchaba hablar al Primer Secretario de la Embajada de Cuba en Argentina; quien relataba la historia de agresiones por parte del Imperio y de resistencias por parte del pueblo cubano.
Misma historia que ha empezado a conocer Venezuela y más brutalmente Bolivia.

Misma historia que conoce, han conocido y conoceran, aquellos que desde la perspectiva de un futuro mejor, libre e independiente de los intereses constituidos del capital, se enfrenten a la resposabilidad de apoderarse de su propia vida y existencia.

Pero sin embargo, debemos seguir intentandolo.

Debemos seguir dandonos de cabezas contra el muro en la certeza de que podemos derribarlo. Y en la convicción de que si no lo logramos (yo no creo que el socialismo sea inevitable, siempre podemos reventar el planeta antes); el acto de resignificar la vida en pos de la libertad y la autodeterminación, nos hace -el mismo- en su realización, de hecho, más libres.
Y por qué no decirlo, también más hermosos.

Puede sonar cursi decirlo, pero es verdad.

Por eso aún hoy (y quizás hoy con más fuerza) se impone la unidad. Durante años -por ejemplo- chilenos y argentinos han disputado la soberanía de un grupo de islas en el sur del continente. Y mientras peleamos, llega Gran Bretaña y dice -sin importale nada- que la Antártica le pertenece.

Chilenos y Bolivianos discuten acerca de la salida al mar de este último…, y mientras tanto la 4ª Flota estado-unidense sale al mar caribe y latino-americano

El enemigo sigue siendo el mismo. No ha cambiado.
(y sin embargo se escuchan a diario pseudo-izquierdiatas criticando cada vez que pueden, de manera perfectamente a-crítica, procesos de construcción reales como el cubano; parapetados en el trauma -invivido por lo demás- de una izquierda que no fue.)

Una vez más…; el enemigo…: sigue-siendo-el-mismo.

El Golpe de Chile del ’73 es un ejemplo, Playa Giron es un ejemplo, Granada, El Salvador, Vietnam, y Bolivia hoy por hoy; son ejemplos.

A lo mejor, no nos ha ido tan bien hasta ahora, pero como “dicen que decía” el Che (la frase es atribuida y no se conserva registro de ella; aunque es tremendamente cierta): “No se vive celebrando victorias, sino superando derrotas.”

Y para eso se necesita determinación. el corazón el llamas y, la cabeza siempre…, bien fría.

Ojala estén todos bien (cómo siempre 😛 ).
Y que sean todos cada día un poco más felices y un poco más hermosos.
Mario.

Entrevista a Leonardo Boff

Pese a todas las críticas -bien y mal intencionadas- yo soy de los que defienden la Lula da Silva. Brasil sigue siendo un país de enormes y brutales diferencias; pero a la vez es un lugar privilegiado, por sus condiciones productivas y sociales, para dar un salto de calidad en la construcción de hegemonía social y política.
Y lo que olvidan muchos de los que critican a Lula, es que Lula y Brasil, juegan en otra liga; contra equipos más poderosos que el campeonato barrial que a muchas izquierdas nostalgicas e irresponsables les gustaría perpetuar, porque es el único que pueden ganar.

Este es una entrevista al Teólogo de la Liberación, Leonardo Boff, que salío publicada hace ya unos 2 años (el 4 de Diciembre del 2006) -no se que piense y diga Boff hoy día a proposito de Lula y el proceso brasileño, habría que buscar- en:

“En América latina podemos resucitar el proyecto socialista”

Sigue creyendo en Lula, pero también en la necesidad de un cambio brusco en Brasil. Amigo del Movimiento Sin Tierra, reclama la reforma agraria integral, advierte sobre futuros desastres ambientales, cree en un nuevo socialismo de raíces latinoamericanas y, por supuesto si de Leonardo Boff se trata, critica a la Iglesia.

Por Darío Aranda

Aún cree que Lula, en su segundo mandato, dará un volantazo a la izquierda, que volverá a su vieja alianza con los movimientos sociales y que dejará de gobernar para el sistema financiero. Afirma que de América del Sur debe surgir un socialismo de nuevo tipo, lejano al europeo, inspirado en pensadores latinoamericanos e impulsado por indígenas, campesinos y negros. Resalta el crecimiento económico argentino, pero remarca que no existió ni una mínima distribución de riqueza. Volcado desde hace años a la problemática ambiental –visitó Argentina, invitado por la organización Nueva Tierra, para disertar sobre el tema–, denuncia a las empresas de agronegocios y compara los próximos desastres ambientales con las actuales guerras. Y también habla, claro, de la Iglesia: asegura que el establishment eclesial sólo piensa en los ricos, y explica cómo sobrevive hoy la Teología de la Liberación.

–¿Qué le espera a Brasil en los próximos cuatro años de gobierno de Lula?

–Espero que Lula radicalice los programas sociales, porque la intención es hacer el tránsito de un estado neoliberal clásico, privatista, de la burguesía, hacia otro más republicano, que pone énfasis en la cosa pública, la centralidad en los pobres, las familias, el hambre cero. Entonces hay una tensión interna porque el proyecto de la macroeconomía no está muy adecuado a la razón social. Entonces esperamos que Lula radicalice la cuestión social, que haga, por ejemplo, la reforma agraria que había prometido y nunca hizo. Si no hace esa profundización, hay riesgo de que se vaya hacia un asistencialismo del Estado hacia los pobres.

–¿Hay indicios para esperar un cambio radical como el que usted menciona?

–Si él quiere completar bien el mandato y realizar las promesas que ha hecho, ésta es su última posibilidad. Y tiene muchas razones para radicalizar, además la situación económica está más estabilizada. Hay indicios de que él va a cambiar, va a asumir una política más desarrollista porque antes era más equilibrista. Y además están las presiones de los movimientos sociales, que apoyan a Lula porque dicen “Lula es el candidato nuestro”, pero no le perdonan que no haya tenido la valentía suficiente para enfrentar a los terratenientes.

–Entre los movimientos sociales, entre ellos los Sin Tierra, plantean que Lula llegó al gobierno con su apoyo, con un trabajo conjunto de décadas, pero que gobernó para los mismos de siempre y se olvidó de las promesas.

–Yo considero un error que Lula haya buscado apoyo parlamentario en partidos de alquiler y se haya distanciado del movimiento social. Incluso el Partido de los Trabajadores (PT), la dirigencia, ha perdido la organicidad de los movimientos sociales, de donde obtenía la vitalidad y la creatividad. Y ahora ha prometido que quiere recuperar el vínculo con los movimientos sociales y va a incluirlos más en lo social.

–¿Y qué puede pasar si no los incluye?

–Los movimientos observan a Lula. Dicen que no entregarán a Lula a la burguesía, dicen “Lula es lo que hemos creado en una acumulación histórica, pero lo vamos a presionar y criticar para que cumpla”. Lula ha hecho promesas al pueblo y debe cumplirlas. Y él tiene muy claro eso porque él es hijo de ese pueblo, hijo del hambre y no olvida sus raíces.

–¿Cómo evalúa los primero cuatro años de gobierno de Lula?

–En lo económico ha obedecido a los principios del neoliberalismo, con superávit alto, tasas de interés altas, las riquezas hacia el sector financiero. Fue la condición de mantener una estabilidad en Brasil. Pero en lo social sí hubo cambios, ruptura. Nunca en la historia de Brasil se ha hecho tanto por los pobres, políticas sociales articuladas, se ha creado esperanza en hermanos que comían una vez al día y ahora pueden comer bien.

–Por esos programas también hay críticas de asistencialismo. Por ejemplo con las bolsas de alimento y su utilización en las elecciones.

–Esa es una crítica desde afuera, porque desde adentro se ven esos cinco o seis programas sociales articulados, con fomento de la educación, la salud, rehabilitación profesional, economía solidaria, agricultura familiar.

–Recientemente usted dijo que Lula fue una oportunidad desperdiciada.

–Creo que él ha desperdiciado algunas cosas. Por ejemplo no ha sabido negociar con el sistema financiero, como sí hizo Kirchner, que no ha dicho “no voy a pagar”, que sería una herejía que el sistema no perdonaría, dijo “voy a pagar pero una parte”. Lula no ha sabido negociar con el sistema financiero nacional e internacional. Creo que él quería deshacer la idea general de que su gobierno iba a crear una crisis sistémica, que sería el gran riesgo de Brasil, y él internalizó eso y quiso demostrar que no era así. Pero creo que debería cambiar, porque hace a la soberanía del país, y él ya ha desperdiciado una oportunidad. Y también Lula ha desperdiciado un diálogo más orgánico y hondo con los movimientos sociales, para sustentar cambios profundos como la reforma agraria, que estaba toda muy estudiada y detallada para su implementación. La opción que Lula ha hecho es para obtener una base parlamentaria, con legisladores que son los grandes latifundistas, que le iban a bloquear todos los proyectos y creyó que sería una guerra perdida. Prefirió hacer reformas inconclusas. Lula fue un reformista. Pero también él logró que la desigualdad disminuyera cinco por ciento y hubo una repartición de bienes distinta.

–¿Esas perspectivas pueden repetirse en América latina con los nuevos gobiernos?

–Creo que en América latina se ha reintroducido una democracia con un acento social muy fuerte. Será porque las bases presionan, hay movimientos sociales fuertes, se ha creado conciencia de que es función del Estado disminuir las desigualdades, crear empleo. Salvo excepciones represivas y de derecha como Colombia, son democracias que dan espacio a la participación, con experiencias que dejan de lado la sola democracia representativa, delegativa, se abre a lo social y surgen líderes como Evo Morales y Hugo Chávez, que es una figura única en América latina, que es uno de los pocos, junto a los musulmanes, que se enfrentan al imperio. En cuanto a Argentina tengo una mirada muy desde afuera, sé que no es tan profunda, pero considero que Kirchner es una figura interesante para Argentina, que se ha enfrentado con los militares y encabeza un gran crecimiento económico, pero claro que es un crecimiento con pobreza, sin distribución, sin quitarles a los ricos y pasar a los pobres. Ahora debiera pensar en un proyecto de distribución.

–¿En América del Sur se está dando un proceso de cambio o para usted es solo un reformismo neoliberal?

–Tengo la impresión de que desde América latina se puede replantear el proyecto socialista que en Europa ya no existe. Aquí tenemos la posibilidad de resucitar el proyecto socialista, pero no como el viejo del Este europeo, sino como una radicalización de la democracia, como inclusión de masas, con el pueblo, respetando a los pueblos indígenas, con las diferencias culturales, socializando las riquezas. Y teniendo en cuenta que en la base de ese continente está la más rica biodiversidad del planeta, que será la riqueza más valorada de las próximas décadas. Este nuevo socialismo podría ser guiado por un gran pensador como Mariátegui: son nuestras ideas, valora las culturas, la dimensión religiosa mística, una mirada utópica. Eso casi no se encuentra en los clásicos europeos. Sería un socialismo criollo, latinoamericano. En este sentido, creo que los sujetos históricos portadores de proyectos de cambios profundos no son los estados, son los movimientos sociales, el MST, la Vía Campesina, grupos de negros, indígenas. Todos ellos se plantean el socialismo, pero no una socialdemocracia, una democracia social, una democracia incluyente, participativa, distributiva. Y el socialismo sería el marco teórico para ese anhelo. A nivel mundial, está claro que dividimos lo que tenemos o no habrá los suficiente para nadie.

–¿Cuál es el papel de los movimientos campesinos e indígenas en este momento de América?

–Se está elaborando un nuevo estado de conciencia social de los movimientos. Ellos ya no luchan sólo por sus derechos negados, ahora plantean qué sociedad quieren y van hacia allí. Ya piensan un proyecto de mundo nuevo, con articulaciones con otros movimientos de otros países, con reflexión, conciencia fuerte, que van a impedir gobiernos autoritarios. Creo que los movimientos campesinos e indígenas son la base para sustentar proyectos sociales más cercanos al pueblo.

–¿No hay peligro de que estos gobiernos de América latina con algunas vetas sociales terminen cooptando y debilitando las luchas?

–Creo que los gobiernos deben tener una relación orgánica con los movimientos sociales: las grandes decisiones no deben ser sólo debatidas en los parlamentos. Por ejemplo: en Brasil no se puede discutir nada referido a la tierra, a los efectos de los agronegocios, sin hablar con el MST. Porque ellos crean opinión, son actores fundamentales. Entonces los gobiernos tienen que estar atentos a esa fuerza porque son una fuerza política más allá de los partidos.

–¿Pero no hay peligro de cooptación?

–Siempre hay peligro de cooptación, pero depende mucho de los líderes sociales, que siempre deben estar articulados con sus bases. Los dirigentes no deben tener diálogo personal con los partidos, sí diálogos colectivos. En Brasil, el referente máximo de los Sin Tierra (Joao Pedro Stedile) nunca va solo a reuniones con el gobierno, van como 20 compañeros más y dialoga sólo después de haber consensuado con las bases. Ahí está la fuerza del movimiento, no de los líderes. Así no sufren tanto riesgo de cooptación.

–Usted está trabajando desde hace años el tema ambiental, ¿cómo ve la situación de América latina y el papel del sector privado?

–Nosotros somos víctimas de las empresas de agronegocios. Los gobiernos necesitan de dólares para hacer frente a la deuda externa, entonces permiten que se saquen montes, se venda el Amazona, se devasten sistemas en nombre de la soja y de otros monocultivos. Y no hay mucha conciencia social ecológica y los gobiernos centrales no favorecen una conciencia porque ven la contradicción entre los objetivos económicos y la conservación del ambiente. Otro gran problema, ya mundial, es la escasez de agua y no hay una cultura del cuidado del agua. Entonces el agua es riqueza y los gobiernos no negocian con ello. Todo pasa por un proceso de concientización. San Agustín decía que los grandes cambios vienen por un gran amor o un gran dolor. Yo creo que, lamentablemente, alguna gente no ha sufrido lo suficiente para ver que hay que cambiar. Este sistema, esta máquina mundial, producirá grandes desastres ambientales si no lo detenemos. O empezamos ahora o en 50 años la Tierra será espacio de grandes devastaciones. Pero claro, todos lo que decimos esto somos tomados como locos, pero puede ser un futuro dramático.

–¿Qué es hoy la Teología de la Liberación?

–La Teología de la Liberación nació escuchando el grito del oprimido: el negro, el pobre, la mujer, el grito de la tierra, de todos los oprimidos. Y los pobres del mundo han crecido. Y creo que uno de los problemas del sistema es que antes podía ocultar a los pobres. Hoy la desgracia es tan terrible que ya no se puede ocultar esa realidad, el drama de los pobres del mundo: miles de millones de personas pasan hambre y sed. Eso es un reto a la conciencia humana y la Iglesia Católica no escucha ese grito. Esa Iglesia tiene poco conocimiento de esa situación de injusticia. La Iglesia actual, de Benedicto XVI, es la opción por los ricos y no por los pobres. Entonces la Teología de la Liberación insiste, hace hincapié en que el problema es el sistema y sigue viva fundamentalmente en las iglesias más chicas que toman en serio el reto de los pobres y la justicia. Y la Iglesia, que está más preocupada por la liturgia y la catequesis, no es muy sensible a esos tema, ve a la Liberación como algo malo, peligroso, porque politiza a la gente. Después de 40 años de Teología de la Liberación, se puede celebrar este aporte de América latina al mundo, un aporte cultural y de ideas en busca de justicia.

–Dentro de la Iglesia Católica, ¿qué espacio existe hoy para la Teología de la Liberación?

–El cristianismo tiene que tener una matriz abierta, donde cada cultura tome el cristianismo y le sume su cultura, como nosotros hicimos en América: intentamos darle al cristianismo un rostro negro, indígena, latinoamericano. Con ritos nuestros, celebraciones, y lentamente se fue formando una iglesia latinoamericana que es muy diferente de la de Roma. Es un catolicismo popular, que fue una creación de los pueblos. Pero si uno ve el establishment romano, la curia, es una iglesia muy conservadora, que se construye sólo hacia adentro, donde no hay espacio para hacer algo. Pero si uno mira las iglesias periféricas, porque el cristianismo es una gran multinacional con diferentes niveles de concientización, se ve que hay espacios para que la teología discuta temas, cuestione al neoliberalismo. Entonces es una teología viva, pero en las iglesias de grupos que son sensibles. Entonces, la Teología de la Liberación tiene la hegemonía moral, pero no tiene la hegemonía política, que sin duda tiene Roma.

América

¿Que diablos somos los latinoamericanos?
¿Somos occidentales? y ¿de que clase?

La pregunta puede parecer anodina, pero de verdad es un problema. Y es un problema, porque si nos constituimos a partir de un momento como “algo”; ese momento es un hiato.

Entre la historia impuesta y la historia arrasada; ahí, en el espacio vacío de la transición, en el gozne, en la bisagra, en la pura articulación de la violencia colonial..; ahí…, fuimos por primera vez.

Hijos de una cultura española contra-reformista y de una herencia india que se niega a desaparecer, henos aquí, carentes de un relato mítico que nos reúna en un origen común. Y no es que nunca lo hayamos tenido, nos hemos inventado de todo, desde “La Gesta Independentista” hasta el “Macondo”; de Bolívar a García Márquez. “El continente de la esperanza” dijo por ahí algún optimista que poco sabía de historia.

Pero, después de todo, esa falta de origen ¿es algo tan malo?
Habitar el hiato en la discontinuidad de nuestro existir; si después de todo tampoco nosotros como individuos- somos continuos.

América (y es claro que hablo de la olvidada, la del sur). El Continente del Espanto; de la Soledad Abismante, del Delirio.

Sí, del delirio absoluto producto de ese horror al vacío del hiato originario.

Carecemos de núcleo de sentido, somos pura abertura, pura exhalación. Y nos pensamos; y recuperamos los pedazos de un encuentro que nunca se produjo más allá de la violencia fundante de una Europa que en el descubrimiento de un nuevo mundo no se descubrió sino a ella misma -también- como diferencia.

Y sí, somos hijos de Europa, pero también somos hijos de esa América morena que habita en las sombras, y si el día de mañana llegan extraterrestres también seremos hijos de ellos. Porque esa es nuestra potencia; el poder ser lo que queramos, lo que creamos, porque en el origen…, no somos NADA.

Nuestra historia son todas las historias.

Por eso somos tan terriblemente literarios, aquí quien no escribe es la excepción. A falta de Historia rellenamos los huecos con Literatura, y lo hacemos bien. Pero las palabras tampoco alcanzan, tampoco dan abasto para saciar el hambre de origen, para cicatrizar la herida inicial, para pensar (y decidir) aquello que queremos ser.

Después de todo, América es también una gran Metáfora, un espacio simbólico, donde las identidades juegan en metonímico intercambio de papeles.

Y nosotros, nosotros habitamos entre el futuro y la angustia, sin saber que decidir, sin darnos cuenta que debemos guardar silencio y buscar en la angustia -y no en otra parte- nuestro porvenir.

Un beso en la oscuridad
Alkkáno

A proposito de un comentario

¿Que hacer cuando el terror se instala el centro de lo social?
Unos cuantos atentados y ya resulta que no solo nuestro vecino puede ser un homicida, sino incluso un país entero…, y una etnia…, y una religión.
Hace unos días un conocido me decía:

“Lo que pasa es que occidente siempre a sido superior en términos culturales al Islam, y la defensa de nuestros valores es la defensa de un modo de vida más civilizado.”

Y ahora resulta que de un día para otro:

•Occidente es algo
•La historia progresa
•Hay culturas desde las que se pueda juzgar a otras y considerarlas inferiores
•Tenemos valores comunes
•Nuestra civilización se evalúa en términos morales
•Un Latino Americano puede considerarse plenamente occidental

Lo que obtuvimos tras años de debate, estudio, vida y especulación ya no vale nada contra el miedo y la prepotencia de la ignorancia.
Podrán decir que también estoy razonando desde la amenaza de perder lo “progresado”; pero sólo afirmo mi diferencia. Una diferencia que dice que es una entre tantas, una diferencia que no comparte credos, ideologías y hasta sensibilidades diversas, pero que las afirma como posibilidad de lo humano.

Al fin y al cabo ¿que es lo humano sino pura posibilidad? ¿Y en tanto posibilidad un constante abrirse al otro incluso en su cerrazón?

Pero ante el miedo, suspendemos la razón y negamos la diferencia; el otro ya nos otro, sino “eso”; lo que nos amenaza, lo que puede dañarnos, cosificamos la diferencia y actuamos en rigor. Pero la diferencia no es una cosa y solo las cosas no responden y nuestro miedo se reafirma.

Pero bueno, mejor paro con esto, son las 8 y 30 de la mañana y no he dormido en toda la noche, y quiero estar despierto por si el mundo se va acabar.

Alkkáno
Un beso en la oscuridad