Williamson: Una mierda de Obispo.

Este viernes el Estado argentino, expulso del país al Obispo católico y conservador Richard Williamson, por sus palabras que ponían entre dicho la verdad histórica del Holocausto.
El gobierno ha señalado, que con sus palabras “agrede profundamente a ala sociedad argentina, al pueblo judío y la humanidad toda, pretendiendo negar una comprobada verdad histórica”.

Una medida correcta y aplaudible.

El obispo éste, no formaba parte del cuerpo de la Iglesia Católica Romana, ya que es un lefebrista (al momento de su expulsión del país oficiaba como director de un seminario de la Fraternidad San Pío X) y como tal, había sido excomulgado por el Papa Juan Pablo II en 1988; pero fue reintegrado -hace sólo unos días- por Benedicto XVI, quien levanto su excomunión, junto con la de tres obispos más…, todos una joya de personas…

Lo terrible de la declaraciones de Williamson no es tanto el hecho aislado y olvidable de sus palabras, sino el que da cuenta de un antisemitismo constante en la historia de la Iglesia y de occidente.

Es cosa de ver -por ejemplo- a tanto liberal e izquierdista (y yo soy las dos cosas ¡sí, se puede!) que por apoyar al pueblo palestino, roza el más furioso antisemitismo, no distinguiendo entre Estado y Pueblo de Israel. Aun si el estado goza del apoyo mayoritario en sus políticas, son cosas completamente diferentes.

Hace tiempo conversando con un amigo historiador, reparabamos en que ninguno de los teóricos opuestos al nazismo en la época de éste, reparaban mayormente en su antisemitismo…
¿Por qué…?
Porque era moneda común…

Y ahora después de todo, de toda la historia, de todo lo sufrido; viene esté Hijo de Puta, porque no es otra cosa, y niega las camaras de gases y el exterminio sistemático del pueblo judío.

Es decir…

No pongo sus declaraciones exactas aquí porque me dan asco…

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Cayendo en la Trampa (Por una Cultura Independiente)

Carl Orff

Hoy leía en Revista Ñ, un artículo sobre la realización de un film que evidencia la relación de Carl Orff con el nazismo.

Herbert von Karajan, el -a mi juicio- director del siglo XX, no pudo tocar por años, debido a su afilación nazi.

Tiempo atrás Gunter Grass confesaba para el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung su militancia juvenil en las Waffen-SS. Y recuerdo las palabras de Grass, en Frankfurter Allgemeine Zeitug, pues una vez publicadas, no faltaron quienes le pidieran devuelva el Nobel, debido a esa ligazón juvenil. Y recuerdo a Grass, también, porque ha sido uno de los más acérrimos críticos al modelo nazi y, por haber estado comprometido a fondo con la causa de los derechos humanos; pese a lo cual igual le pidieron que devuelva el Nobel.

Y la lista podría continuar.

Herbert von Karajan

Herbert von Karajan

¿Cual es la relación entre arte y política?
¿Debe ser la obra condenada por la condena al artista? Yo creo que no.

No podemos negar que la misma sensibilidad que se regocija en Beethoven es la que construye Auschwitz-Birkenau y Treblinka. Pero no debemos confundir la manifestación artistica de esa sensibilidad con Auschwitz-Birkenau o Treblinka.

Hace un tiempo en Argentina (Marzo del 2008), en Bariloche, un grupo de jovenes militantes irrumpieron -en el marco de una marcha realizada en repudio a la última dictadura militar- en una exposición organizada por la Biblioteca Sarmiento y la Subsecretaría de Cultura de Bariloche y, descolgaron las pinturas de Toon Maes, un pintor nazi; en lo que podría considerarte -para mí (salvando las enormes diferencias) – un acto digno de Camisas Pardas.

Aquí linkeo la noticia –Toon Maes, La Paleta Dividida– en Río negro On-Line, de donde extraigo este fragmento, que me parece plantea preguntas interesantes de responder:

EL DILEMA DEL HOMBRE Y LA OBRA

Maes era nazi, pero su pintura no lo era. Ése fue uno de los problemas fundamentales en torno de su figura al escribir “El pintor de la Suiza argentina”, publicado en 1991 por la editorial Sudamericana. Diecisiete años más tarde lo sigue siendo, como lo muestra el escándalo desatado por la exposición organizada por la Biblioteca Sarmiento y la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Bariloche, que debió ser levantada luego de que el 24 de marzo, en el marco de una marcha de repudio a la dictadura militar, un grupo de manifestantes descolgara sus obras de las paredes del Centro Cívico. El hecho de que en ningún momento se atentara contra los cuadros ni se pusiera en duda el derecho a verlos en otro contexto, como lo explicó Ángel Vainstein al justificar esa denuncia del aval oficial a un artista nazi, vuelve absurda e injuriosa la comparación entre esta acción y los actos de vandalismo perpetrados por los nazis, cuyo objetivo fue la destrucción sistemática de las obras y de sus autores. En cambio, salvando las diferencias, el dilema sobre la libertad de expresión, sumado a la contradicción entre el hombre y la obra, se parece al que acompaña siempre en el mundo entero las obras de filósofos como Heidegger y Carl Schmitt, escritores como Céline, músicos como Pfitzner y Carl Orff, e incluso pintores como Albert Servaes, figura del expresionismo flamenco, colaboracionista belga y amigo personal de Maes. ¿Debe el hombre condenar la obra? ¿Puede apreciarse la obra y despreciarse al hombre? ¿Debe o puede mostrarse la obra como si el hombre no existiera? ¿Puede despreciarse al hombre y a la obra, pero dejar que ésta circule en nombre de la libertad de expresión? ¿Debe impedirse activamente, por la fuerza si fuera necesario, que se utilice la obra para reivindicar al hombre y, por su intermedio, la ideología nazi? ¿Debe considerarse la decisión de bajar la muestra de Maes como un acto de censura o debe pensarse que la verdadera censura es negar su pasado criminal o relativizar su gravedad?

Son preguntas históricamente recurrentes y, sin duda, complejas. De Céline, cuya ideología fascista ya nadie ignora, los panfletos antisemitas están aún hoy prohibidos en Francia, no así sus novelas, como “Viaje al fin de la noche”. La obra de Heidegger está toda editada sin restricciones, incluido su infame “Discurso del rectorado” de 1933, pero muchos filósofos afirman que todo su pensamiento está de algún modo habitado por su colaboración con el régimen nazi. Hace diez años, en una exposición sobre la pintura europea de los años treinta, se exhibieron en un museo de la Municipalidad de París varias obras nazis de artistas nazis, pero sólo en una sala separada de las demás e identificada como “arte de propaganda”. En el 2004, en la Cité de la Musique de París, en el marco de una exposición sobre la vida musical bajo el Tercer Reich, los organizadores renunciaron a incluir obras de compositores nazis en su ciclo de conciertos, temiendo que se les reprochara hacer propaganda por el solo hecho de ofrecerlas al goce estético del público. Mein Kampf está prohibido en muchos países de Europa y en otros, permitido a condición de que lo acompañe una advertencia al lector, mientras que en Estados Unidos se piensa que, tratándose de posesión de libros como de posesión de armas, el principio de libertad debe regir sin restricciones. En todos esos países, el debate sobre qué hacer con el negacionismo aún no ha terminado. Y si en la Argentina pocos casos autóctonos pueden compararse con esas controversias, ello no se debe a una mayor claridad de la legislación o de las convicciones sino a la pobreza absoluta de lo producido en el campo intelectual por los grupos fascistas y las dictaduras militares. Así, el affaire de la exposición de Toon Maes no hace más que actualizar un problema moral y político global. A la vez remite a una situación local nada gloriosa, el hecho de que actualmente Bariloche debe su celebridad internacional menos a la belleza de sus paisajes o al prestigio de sus científicos que a su calidad de refugio de nazis, conocida en todo el mundo a partir de la detención del Hauptsturmführer SS Erich Priebke en 1994. Si se pierde de vista ese contexto, todo el significado de la exposición y su clausura se disuelve en el aire de las generalidades.

Es un tema complejo, justo mientras escribo estas lineas discuto con un amigo, que apoya la acción.
Y me parece que es un tema que sigue siendo interesante de discutir, sobre todo en lo que respecta a la apuesta por nuestras sociedades a futuro.

Yo muchas veces he escrito que me parece que los nazis deben ser barridos del piso de la historia, y lo sigo sosteniendo, sin embargo me parece que hay que tener cuidado y no caer en la trampa, reificando el nazismo ahora escondido bajo ropajes liberales…

Me parece que a ese respecto -y desde las izquierdas- sigue teniendo una actualidad abismante el Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente, firmado por León Trotsky, Diego Rivera y André Breton -ya en Julio del 1938- además de ser uno de los textos más bellos (no tanto por la forma, sino por la propuesta) en la historia de la literatura socialista:

Leon Trotsky

Leon Trotsky

Manifiesto por un arte revolucionario independiente

André Breton, Leon Trotsky y Diego Rivera

Puede afirmarse sin exageración, que nunca como hoy nuestra civilización ha estado amenazada por tantos peligros. Los vándalos, usando sus medios bárbaros, es decir, extremadamente precarios, destruyeron la antigua civilización en un sector de Europa. En la actualidad, toda la civilización mundial, en la unidad de su destino histórico, es la que se tambalea bajo la amenaza de fuerzas reaccionarias armadas con toda la técnica moderna. No aludimos tan sólo a la guerra que se avecina. Ya hoy, en tiempos de paz, la situación de la ciencia y el arte se ha vuelto intolerable.

En aquello que de individual conserva en su génesis, en las cualidades subjetivas que pone en acción para revelar un hecho que signifique un enriquecimiento objetivo, un descubrimiento filosófico, sociológico, científico o artístico, aparece como un fruto de un azar precioso, es decir, como una manifestación más o menos espontánea de la necesidad. No hay que pasar por alto semejante aporte, ya sea desde el punto de vista del conocimiento general (que tiende a que se amplíe la interpretación del mundo), o bien desde el punto de vista revolucionario (que exige para llegar a la transformación del mundo tener una idea exacta de las leyes que rigen su movimiento). En particular, no es posible desentenderse de las condiciones mentales en que este enriquecimiento se manifiesta, no es posible cesar la vigilancia para que el respeto de las leyes específicas que rigen la creación intelectual sea garantizado.

No obstante, el mundo actual nos ha obligado a constatar la violación cada vez más generalizada de estas leyes, violación a la que corresponde, necesariamente, un envilecimiento cada vez más notorio, no sólo de la obra de arte, sino también de la personalidad “artística”. El fascismo hitleriano, después de haber eliminado en Alemania a todos los artistas en quienes se expresaba en alguna medida el amor de la libertad, aunque esta fuese sólo una libertad formal, obligó a cuantos aún podían sostener la pluma o el pincel a convertirse en lacayos del régimen y a celebrarlo según órdenes y dentro de los límites exteriores del peor convencionalismo. Dejando de lado la publicidad, lo mismo ha ocurrido en la URSS durante el periodo de furiosa reacción que hoy llega a su apogeo.

Ni que decir tiene que no nos solidarizamos ni un instante, cualquiera que sea su éxito actual, con la consigna: “Ni fascismo ni comunismo” consigna que corresponde a la naturaleza del filisteo conservador y asustado que se aferra a los vestigios del pasado “democrático”. El verdadero arte, es decir aquel que no se satisface con las variaciones sobre modelos establecidos, sino que se esfuerza por expresar las necesidades íntimas del hombre y de la humanidad actuales, no puede dejar de ser revolucionario, es decir, no puede sino aspirar a una reconstrucción completa y radical de la sociedad, aunque sólo sea para liberar la creación intelectual de las cadenas que la atan y permitir a la humanidad entera elevarse a las alturas que sólo genios solitarios habían alcanzado en el pasado. Al mismo tiempo, reconocemos que únicamente una revolución social puede abrir el camino a una nueva cultura. Pues si rechazamos toda la solidaridad con la casta actualmente dirigente en la URSS es, precisamente, porque a nuestro juicio no representa el comunismo, sino su más pérfido y peligroso enemigo.

Bajo la influencia del régimen totalitario de la URSS, y a través de los organismos llamados organismos “culturales” que dominan en otros países, se ha difundido en el mundo entero un profundo crepúsculo hostil a la eclosión de cualquier especie de valor espiritual. Crepúsculo de fango y sangre en el que, disfrazados de artistas e intelectuales, participan hombres que hicieron del servilismo su móvil, del abandono de sus principios un juego perverso, del falso testimonio venal un hábito y de la apología del crimen un placer. El arte oficial de la época estalinista refleja, con crudeza sin ejemplo en la historia, sus esfuerzos irrisorios por disimular y enmascarar su verdadera función mercenaria.

La sorda reprobación que suscita en el mundo artístico esta negación desvergonzada de los principios a que el arte ha obedecido siempre y que incluso los Estados fundados en la esclavitud no se atrevieron a negar de modo tan absoluto, debe dar lugar a una condenación implacable. La oposición artística constituye hoy una de las fuerzas que pueden contribuir de manera útil al desprestigio y a la ruina de los regímenes bajo los cuales se hunde, al mismo tiempo que el derecho de la clase explotada a aspirar a un mundo mejor, todo sentimiento de grandeza e incluso de dignidad humana.

La revolución comunista no teme al arte. Sabe que al final de la investigación a que puede ser sometida la formación de la vocación artística en la sociedad capitalista que se derrumba, la determinación de tal vocación sólo puede aparecer como resultado de una connivencia entre el hombre y cierto número de formas sociales que le son adversas. Esta coyuntura, en el grado de conciencia que de ella pueda adquirir, hace del artista su aliado predispuesto. El mecanismo de sublimación que actúa en tal caso, y que el sicoanálisis ha puesto de manifiesto, tiene como objeto restablecer el equilibrio roto entre el “yo” coherente y sus elementos reprimidos. Este restablecimiento se efectúa en provecho del “ideal de sí”, que alza contra la realidad, insoportable, las potencias del mundo interior, del sí, comunes a todos los hombres y permanentemente en proceso de expansión en el devenir. La necesidad de expansión del espíritu no tiene más que seguir su curso natural para ser llevada a fundirse y fortalecer en esta necesidad primordial: la exigencia de emancipación del hombre.

En consecuencia, el arte no puede someterse sin decaer a ninguna directiva externa y llenar dócilmente los marcos que algunos creen poder imponerle con fines pragmáticos extremadamente cortos. Vale más confiar en el don de prefiguración que constituye el patrimonio de todo artista auténtico, que implica un comienzo de superación (virtual) de las más graves contradicciones de su época y orienta el pensamiento de sus contemporáneos hacia la urgencia de la instauración de un orden nuevo.

La idea que del escritor tenía el joven Marx exige en nuestros días ser reafirmada vigorosamente. Está claro que esta idea debe ser extendida, en el plano artístico y científico, a las diversas categorías de artistas e investigadores. “El escritor – decía Marx – debe naturalmente ganar dinero para poder vivir y escribir, pero en ningún caso debe vivir para ganar dinero… El escritor no considera en manera alguna sus trabajos como un medio. Son fines en sí; son tan escasamente medios en sí para él y para los demás, que en caso necesario sacrifica su propia existencia a la existencia de aquéllos… La primera condición de la libertad de la prensa estriba en que no es un oficio.” Nunca será más oportuno blandir esta declaración contra quienes pretenden someter la actividad intelectual a fines exteriores a ella misma y, despreciando todas las determinaciones históricas que le son propias, regir, en función de presuntas razones de Estado, los temas del arte. La libre elección de esos temas y la ausencia absoluta de restricción en lo que respecta a su campo de exploración, constituyen para el artista un bien que tiene derecho a reivindicar como inalienable. En materia de creación artística, importa esencialmente que la imaginación escape a toda coacción, que no permita con ningún pretexto que se le impongan sendas. A quienes nos inciten a consentir, ya sea para hoy, ya sea para mañana, que el arte se someta a una disciplina que consideramos incompatible radicalmente con sus medios, les oponemos una negativa sin apelación y nuestra voluntad deliberada de mantener la fórmula: toda libertad en el arte.

Reconocemos, naturalmente, al Estado revolucionario el derecho de defenderse de la reacción burguesa, incluso cuando se cubre con el manto de la ciencia o del arte. Pero entre esas medidas impuestas y transitorias de autodefensa revolucionaria y la pretensión de ejercer una dirección sobre la creación intelectual de la sociedad, media un abismo. Si para desarrollar las
fuerzas productivas materiales, la revolución tiene que erigir un régimen socialista de plan centralizado, en lo que respecta a la creación intelectual debe desde el mismo comienzo establecer y garantizar un régimen anarquista de libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni el menor rastro de mando! Las diversas asociaciones de hombres de ciencia y los grupos colectivos de artistas se dedicarán a resolver tareas que nunca habrán sido tan grandiosas, pueden surgir y desplegar un trabajo fecundo fundado únicamente en una libre amistad creadora, sin la menor coacción exterior.

De cuanto se ha dicho, se deduce claramente que al defender la libertad de la creación, no pretendemos en manera alguna justificar la indiferencia política y que está lejos de nuestro ánimo querer resucitar un pretendido arte “puro” que ordinariamente está al servicio de los más impuros fines de la reacción. No; tenemos una idea muy elevada de la función del arte para
rehusarle una influencia sobre el destino de la sociedad. Consideramos que la suprema tarea del arte en nuestra época es participar consciente y activamente en la preparación de la revolución. Sin embargo, el artista sólo puede servir a la lucha emancipadora cuando está penetrado de su contenido social e individual, cuando ha asimilado el sentido y el drama en sus nervios, cuando busca encarnar artísticamente su mundo interior.

En el periodo actual, caracterizado por la agonía del capitalismo, tanto democrático como fascista, el artista, aunque no tenga necesidad de dar a su disidencia social una forma manifiesta, se ve amenazado con la privación del derecho de vivirla y continuar su obra, a causa del acceso imposible de ésta a los medios de difusión. Es natural, entonces, que se vuelva hacia las organizaciones estalinistas, que le ofrecen la posibilidad de escapar a su
aislamiento. Pero su renuncia a cuanto puede constituir su propio mensaje y las complacencias terriblemente degradantes que esas organizaciones exigen de él, a cambio de ciertas ventajas materiales, le prohíben permanecer en ellas, por poco que la desmoralización se manifieste impotente para destruir su carácter. Es necesario, a partir de este instante, que comprenda que su lugar está en otra parte, no entre quienes traicionan la causa de la revolución al mismo tiempo, necesaria-mente, que la causa del hombre, sino entre quienes demuestran su fidelidad inquebrantable a los principios de esa revolución, entre quienes, por ese hecho, siguen siendo los únicos capaces de ayudarla a consumarse y garantizar por ella la libre expresión de todas las formas del genio humano.

La finalidad de este manifiesto es hallar un terreno en el que reunirá los mantenedores revolucionarios del arte, para servir la revolución con los métodos del arte y defender la libertad del arte contra los usurpadores de la revolución. Estamos profundamente convencidos de que el encuentro en ese terreno es posible para los representantes de tendencias estéticas,
filosóficas y políticas, aun un tanto divergentes. Los marxistas pueden marchar ahí de la mano con los anarquistas, a condición de que unos y otros rompan implacablemente con el espíritu policiaco reaccionario, esté representado por José Stalin o por su vasallo García Oliver(1).

Miles y miles de artistas y pensadores aislados, cuyas voces son ahogadas por el odioso tumulto de los falsificadores regimentados, están actualmente dispersos por el mundo.

Numerosas revistas locales intentan agrupar en torno suyo a fuerzas jóvenes, que buscan nuevos caminos y no subsidios. Toda tendencia progresiva en arte es acusada por el fascismo de degeneración. Toda creación libre es declarada fascista por los estalinistas. El arte revolucionario independiente debe unirse para luchar contra las persecuciones reaccionarias y proclamar altamente su derecho a la existencia. Un agrupamiento de estas características es el fin de la Federación internacional del Arte Revolucionario independiente (FIARI), cuya creación juzgamos necesaria.

No tenemos intención alguna de imponer todas las ideas contenidas en este llamamiento, que consideramos un primer paso en el nuevo camino. A todos los representantes del arte, a todos sus amigos y defensores que no pueden dejar de comprender la necesidad del presente llamamiento, les pedimos que alcen la voz inmediatamente. Dirigimos el mismo llama-miento a todas las publicaciones independientes de izquierda que estén dispuestas a tomar parte en la creación de la Federación internacional y en el examen de las tareas y de los métodos de acción. Cuando se haya establecido el primer contacto internacional por la prensa y la correspondencia, procederemos a la organización de modestos congresos locales y nacionales. En la etapa siguiente deberá reunirse un congreso mundial que consagrará oficialmente la fundación de la Federación internacional.

He aquí lo que queremos:

La independencia del arte – por la revolución;

La revolución – por la liberación definitiva del arte.

André Breton, Diego Rivera (2)

México, 25 de julio de 1938

Notas

(1) García Oliver, anarquista español, perteneció al grupo de acción española, contribuyó a organizar las milicias obreras catalanas y de Durruti y militó en la CNT y en la FAI. Durante la guerra civil adoptó la política del Frente Popular, aceptando el Ministerio de Justicia en el gabinete de Largo Caballero.

(2) Aunque publicado con estas dos firmas, el manifiesto fue redactado de hecho por León Trotski y André Breton. Por razones tácticas, Trotski pidió que la firma de Diego Rivera sustituyese a la suya.

Descargar Manifiesto.

Y puestas así las cosas…, ¿que podemos decir?
Es una invitación al debate.

Aquí está la Revista Ñ:

Un filme desnuda la condición nazi del compositor de Carmina Burana

El autor de la celebérrima cantata, Carl Orff, es motivo de un exhaustivo largometraje documental en el que se exponen su participación y sus reacciones nada heroicas durante y después del nazismo.

La película, titulada Oh fortuna, toma su nombre de las palabras iniciales de Carmina Burana. Se trata de un documental de poco menos de dos horas en el que su realizador, el británico Tony Palmer, documenta exhaustivamente varios momentos vergonzantes que suelen aislarse del recuerdo de Orff y su obra máxima, de enorme popularidad.

Uno de esos momentos es cuando elude todo respaldo a quien fuera amigo cercano y colaborador suyo tanto en el libreto de Carmina Burana como en varias otras de sus composiciones, el académico suizo Kurt Huber. Acusado con fundamento de haber creado el movimiento “La rosa blanca” de resistencia al nazismo, Huber fue arrestado por la Gestapo en 1943, torturado y ejecutado. Cuando Clara, la mujer de Huber, le pide a Orff que defienda a su marido o firme una carta en su apoyo, Orff rehúye toda participación.

Caído el régimen alemán, el músico no duda en declarar a los aliados que él mismo había sido también fundador de “La rosa blanca”, cuando en realidad fueron notorios tanto su adhesión al Tercer Reich como la prosperidad y las loas que cosechó durante su apogeo.

Eje del documental de Palmer, Carmina Burana constituye “la clase de música clara, tormentosa y no obstante disciplinada que requiere nuestra época”, llegó a decir en su momento el periódico nazi Völkischer Beobachter. A pesar de cierto cuestionamiento inicial por algunas de sus francas alusiones sexuales, la cantata fue elevada a la categoría de emblema de la cultura nazi joven, sin que ello suscitara la más mínima objeción de Carl Orff.

Otras películas del muy premiado realizador Tony Palmer incluyen desde trabajos sobre los Beatles, Cream, Jimi Hendrix y Frank Zappa hasta recordados retratos sobre —y con— Igor Stravinsky, María Callas, John Osborne, Margot Fonteyn, Jehudi Menuhin y Benjamin Britten, entre muchos otros. Su film de 7 horas y 45 minutes sobre Wagner, protagonizado por Richard Burton, Laurence Olivier y Vanessa Redgrave fue calificado por Los Angeles Times como una de las películas más hermosas que jamás se hayan hecho.

Ojala estén todos bien.
Mario.

La Ciudad de la Furia…

Hoy día en Buenos Aires los titulares televisivos encabezaban sus noticias, con un referencia a la canción de Soda Stereo, “La Ciudad de la Furia”.
Y es que había una maniferstacion masiva: Una marcha “Contra el Hambre” (en Argentina mueren de 8 a 10 chicos de hambre al día 😯 una cifra intolerable…). Hubo también un recital de Los Fabulosos Cadillac en el estadio de River y -además- un paro del servicio de Tren Subterraneo.
Todo esto sumado, colapsó el sistema de transito de la ciudad.

Y son varias las cosas que aparecen y que se podrían decir.

Uno de los temás surgidos -en Filosofía Política- en los albores de la modernidad, es la distinción -resuelta fácticamente por el mismo quehacer político moderno- entre “Pueblo” y “Muchedumbre” o multitud…
Me parece que la opción que la modernidad política toma por la noción de “pueblo” (al menos en lo discursivo) , obedece a que la misma noción opera performativamente instalandose como realidad social en su uso.
Presenta un contrario con una composición orgánica clara, faciñlmente administrable, en un juego político que el mismo “pueblo” entendería guiado por el poder como un juego de damas, en un tablero cartesianamente organizado; reducido a un puro juego de posiciones (“un paso atrás, dos adelante” dirán los más ortodoxos 😛 ).

Es una noción que presenta dificultades, pues cada vez que “el pueblo” ha hecho irrupción en la historia, lo ha hecho como “multitud”, con una potencia arrolladora; pero inorgánica en su hacer y con una direccion clara las menos de las veces.
Y es que un agregado de cuerpos es eso, un agegado de cuerpos que es su estallido, hace saltar las condiciones mismas del poder en el lugar básico y fundamental del señorío: el cuerpo.

La Revolución Rusa -por ejemplo- desde está perspectiva no fue la Revolución de Octubre, sino la de Mayo…, a la que los revolucionarios “profesionales”, en Octubre, no hicieron más que acallar, ordenando el gallinero (si se me permite el chilenismo), y disolviendo los soviets como muestra final de la pura reificación del Poder Zarista, bajo las banderas bolcheviques. (Demás esta decir que después tuvieron que matar a muchos bolcheviques.)

El mismo Lenin opera con una noción equivoca de pueblo, unas veces se refiere a la masa inorgánica, al conjunto de la sociedad y otrás veces a ese “pueblo conciente” oprimido por la burguesía y organizado en su resistencia…, coordinada y dirigida por “El Partido”, claro está…

Y sin embargo a la hora de la verdad…, el pueblo donde mismo…
(no le echemos la culpa al buen Lenin, que no era ningún tonto y, advirtió contra las desviaciones burocráticas y el camarada Stalin).

Y digo todo esto, porque me parace que Argentina (y aquí algún argentino me querrá pegar) es un país con una modernidad política no resuelta a cabalidad -Peronismo mediante- que carece de la un sistema impersonal de instituciones -Peronismo mediante- y con una lógica de irrupción de masas que no ha resuelto sus dinamicas de participación más allá de la declamación ad populum -Peronismo mediante…

Y no es que no me agrade el Peronismo (la verdad, no creo en la asignación de categorías de “verdad” ) su concepción corporativa de lo social, su tendencia industrializadora, la lógica integracionalista desde el afiansamiento de lo nacional, son tremendamente interesantes. Pero un Populismo radical, centrado en la figura del “Lider”, sobre todo en un país que desde las políticas educativas del siglo XIX, venía con una formación -entendiendo la educación casi como “Religión de Estado”- que exaltaba la figura del Heroe; genera resultados que lindan con lo nefasto…

Por eso, hoy veía las noticias y habían imagenes en las que no podía dejar de reparar.

Quebracho

¿Sé entiende?

A ver…, ¿está es una Democracia no?
Podemos no creer en la democracia, pero de ahí a suponer que de lo que se trata es de combatirla, cómo si fuera la dictadura, es otra cosa… Y habría que ver como les va en dictadura…, hace un tiempo ya un chico de la izquierda argentina, me decía (frente a mis reclamos por estupides ajena):

-Noooo! Si nosotros sabemos que hacer si la represión se pone fea… Y esto…, y esto…, y esto otro…

Y la verdad viniendo -el que escribe- de una generación que vivió violentos enfrentamientos en la lucha contra la dictadura (la chilena, que era especialmente brutal a la hora de reprimir), ese chico está muerto. Y si no lo está es por que no lo quieren.
Y lo digo en serio, porque esos muchachos son absolutamente funcionales a lo que quieren combatir.

Son parte de un bien ordenado tablero de damas, cartesianamente organizado; reducido a un puro juego de posiciones (“un paso atrás, dos adelante” dirán los más ortodoxos 😛 ).

¿Se entiende?

Y sin embargo a la hora de la verdad…, el pueblo donde mismo…

Y lo peor de todo es que sus demandas son legítimas. Pero en su accionar estulto y perdido, invisibilizan la misma legitimidad de sus acciones, hasta hacerla desaparecer…

Hoy veía además hacia el final de día “Land of the Dead” de George Romero. Y la veía porque tiene dos meritos fundamentales.

Asia Argento

Asia Argento, que hace hasta de las peores películas algo digno de ser visto…, por ella 😉 😛
jajajajajajajaja.
(Incluso -gracias a ella- Triple X, se convirtio en una película para ver 😛 )

Y porque las películas de Zombies de Romero, son metaforas de la marginalidad.

Desde la primera, que mostraba una sociedad acosada por “lo otro”, y que reaccionaba con violencia…
Hasta ésta, parapetados en un edificio de lujo, con una masa alrededor, a la que se “ha mantenida ocupada y se le han dado diversiones y vicios”…, excluyendo a “lo otro”, los zombies.., que sólo tienen hambre…, pero que en está pelicula además han empezado a aprender…

Las comparaciones huelgan…

Mientras unos niños juegan a la guerra, las masas tiene hambre.
Mientras unos se creen la vanguardia del pueblo organizado, las masas tiene hambre…
Mientras unos paralizan la ciudad, las masas tiene hambre…

Y si no los detienen es porque son funcionales a que las masas sigan con hambre…, porque ellos no son las masas…
Y allí, donde han ganado…, las masas han seguido hambrientas…

Eso.
Es tarde y,  estoy en un cyber y, me tengo que ir….

La Ciudad de la Furia – Soda Setreo

Ojala estén todos bien.
Mario.

Que 3 meses no es nada, que febril la mirad…..

Ya de vuelta en Buenos Aires, debo informar al mundo que la ciudad esta donde mismo la dejé  😛  .
De vuelta con un problema de habitación brutal que me tiene gastando dinero como enajenado, sin saber si llegue a fin de mes.

La verdad echaba de menos Buenos Aires, uno se acostumbra rápido a está ciudad; y bueno…, regreso a una ciudad convulsionada (y eso que es una ciudad siempre al borde de la convulsión) .

El agro (la Sociedad Rural y sus secuases, se entiende) tienen desabastecida la ciudad en su disconformidad por medidas tomadas por el gobierno. Y la política se reordena.

Lo que me llama la atención es que más allá de cualquier posición política que uno pueda tomar, de blanco a negro (con toda la infinidad de matices existentes) -como converzaba con un amigo hace un instante- ¡NO PUEDES DESABASTECER LA CIUDAD!. El hambre de la gente no puede ser un factor de negiociación.

Claro esta que a la pervivencia oligárquica del campo argentino, el hambre de la gente le importa re-poco. Y es evidente que las necesidades de mordenización de un estado que se recompone despues de durizimas crisis, le importa aún menos; ya que cualquier modernización implica pasarles por encima. Hacerlos desaparecer del escenario de la historia. Relegarlos a los libros de texto.

Y eso es lo que también se echa de menos, un Estado (y eso que a mí, no me gustan por principio los Estados) que ponga orden, pues en un caso como este debe hacerse.
-Usted desabastece la ciudad, bloquea carreteras para que no lleguen los alimentos y manipula las necesidades de la gente para obtener redito político.
-Usted entonces lo pierde todo.

Provocar intencionalmente el hambre de la gente, es un acto terrorista y debe tratarse como tal.