Unasur y Evo Morales.

Yo soy de la concertación (socialista específicamente). He escrito muchas veces contra ella en éste blog, he escrito muchas veces criticando a Bachelet en éste blog, y a Lagos y a muchos dirigentes y políticas de la concertación.
He criticado al Estado de Chile y, al Estado en general (“general”, que fea palabra 😛 ). He criticado incluso la noción de democracia.
Me parece que la autocomplacensia no es el camino a seguir, menos en un país con una flagrante mentalidad autoritaria y menos aun con toda la herencia que aún 20 años depués, queda de la dictadura. En un país en que la mentalidad neo-liberal es hegemónica, inclusive en la izquierda más radicalizada.
Me parece que la autocomplacensia no es la vía para generar cambio en el cambio…, y lo que es peor; me parece que la autocomplacensia es el camino que se ha escogido una y otra vez en Chile desde el ¿retorno? a la democracia.

Sin embargo, me parece -también- que ahora ha hecho [Bachelet] algo de una trascendencia mayor de la evidente (y que ya es mucha.)

La reuníon del Unasur, éste lunes 15 de septiembre en Santiagio de Chile, es algo más que un acto en defensa de Bolivia y de su presidente constitucional, frente a la asonada reaccionaria y genocida de una oposición a la que sólo le falta el bigotito y la swástica en brazo. (Asonadas que en Chile conocemos muy bien). Es también una declaración de soberanía regional.

¿Acaso los latinoamericanos no son dueños de defender su propio destino y defender sus democracias a espaldas del imperio?
EE.UU. declaraba -depués de la expulsión de su diplomático en La Paz- que “el señor Evo Morales ha ido está vez muy lejos”.

A ver…

En primer lugar no es el señor Evo Morales, es el Presidente Constitucional y democráticamente electo de Bolivia. Y si no nos apuramos, también es Apu Mallku, título antes ostentado por Tupac Amaru. (pero claro, eso al Imperio no le importa, a no ser que sea Blanco, Anglo-Sajón y Protestante).

Y en segundo lugar, un Estado se encuentra en todo el derecho de expulsar a cualquier y todo diplomático, que considere implicado en tareas de espionaje y sedición. EE.UU. dirá que no es así (y no reservamos el derecho de creerle o no), Pero el Presidente Evo Morales, sólo hizo uso de una atribución.

Y si a alguien no le gusta, bueno…, como dijo Chavez: ¡¡¡SE VA AL CARAJO, AL CARAJO, AL CARAJO!!!.

América-Latina, esa…, la morena, la bonita, de a poco va encontrando un camino -conducida desde las más diversas experiencias, con la mayor variedad de grados de diferencia (de Lula a Correa, de Chavez a Tabare) y de profundidad- de independencia, soberanía y autoreconocimiento.

Hace un tiempo discutía con un chicos marxistas aquí en Argentina, y les decía -y aún lo sostengo (y lo he escrito antes en éste blog)- que en países como los nuestros la contradicción fundamental no es en lo inmediato la contradicción de clases, sino que está mediada. Que al haber pasado los países centrales sus costos de producción a la periferia, la contradiccón principal sigue siendo la soberanía; y ahora que del capitalismo multinacional, pasamos al transnacional y globalizado, los fenomenos de des-localización y flujos golondrina, nos obligan con más fuerza que nunca a levantar esa soberanía tantas veces pisoteada.

Y en ese proceso, iniciativas como la reunion del Unasur es central, es un hito de autorreconocimiento continental y me parece valorable.
Y eso, sí se lo reconosco a la Concertación y a Bachelet.

No creo que sea un proceso definitivo e irreversible; pero sí es un proceso en el que debemos profundizar.

Otro tema del que no voy a hablar son las nefastas críticas y declaraciones decalificativas al proceso, de esa Bestia Inamible de la derecha criolla, Carlos Larraín; pues es evidente -como señaló un personero de gobierno- la tremenda diferencia entre una presidenta como Bachelet y un viejo oligarca latifundista como Larraín (bueno…, él no uso esas palabras, pero la idea es la misma 😛 ).

Y bueno, es tarde, y me tengo que ir (estoy en un Cyber), pero es algo sobre lo que me gustaría seguir escribiendo.

Ojala estén todos bien.
Y más libres… y, más soberanos.

Un beso.
Mario.

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América

¿Que diablos somos los latinoamericanos?
¿Somos occidentales? y ¿de que clase?

La pregunta puede parecer anodina, pero de verdad es un problema. Y es un problema, porque si nos constituimos a partir de un momento como “algo”; ese momento es un hiato.

Entre la historia impuesta y la historia arrasada; ahí, en el espacio vacío de la transición, en el gozne, en la bisagra, en la pura articulación de la violencia colonial..; ahí…, fuimos por primera vez.

Hijos de una cultura española contra-reformista y de una herencia india que se niega a desaparecer, henos aquí, carentes de un relato mítico que nos reúna en un origen común. Y no es que nunca lo hayamos tenido, nos hemos inventado de todo, desde “La Gesta Independentista” hasta el “Macondo”; de Bolívar a García Márquez. “El continente de la esperanza” dijo por ahí algún optimista que poco sabía de historia.

Pero, después de todo, esa falta de origen ¿es algo tan malo?
Habitar el hiato en la discontinuidad de nuestro existir; si después de todo tampoco nosotros como individuos- somos continuos.

América (y es claro que hablo de la olvidada, la del sur). El Continente del Espanto; de la Soledad Abismante, del Delirio.

Sí, del delirio absoluto producto de ese horror al vacío del hiato originario.

Carecemos de núcleo de sentido, somos pura abertura, pura exhalación. Y nos pensamos; y recuperamos los pedazos de un encuentro que nunca se produjo más allá de la violencia fundante de una Europa que en el descubrimiento de un nuevo mundo no se descubrió sino a ella misma -también- como diferencia.

Y sí, somos hijos de Europa, pero también somos hijos de esa América morena que habita en las sombras, y si el día de mañana llegan extraterrestres también seremos hijos de ellos. Porque esa es nuestra potencia; el poder ser lo que queramos, lo que creamos, porque en el origen…, no somos NADA.

Nuestra historia son todas las historias.

Por eso somos tan terriblemente literarios, aquí quien no escribe es la excepción. A falta de Historia rellenamos los huecos con Literatura, y lo hacemos bien. Pero las palabras tampoco alcanzan, tampoco dan abasto para saciar el hambre de origen, para cicatrizar la herida inicial, para pensar (y decidir) aquello que queremos ser.

Después de todo, América es también una gran Metáfora, un espacio simbólico, donde las identidades juegan en metonímico intercambio de papeles.

Y nosotros, nosotros habitamos entre el futuro y la angustia, sin saber que decidir, sin darnos cuenta que debemos guardar silencio y buscar en la angustia -y no en otra parte- nuestro porvenir.

Un beso en la oscuridad
Alkkáno