Bye Bye Life

Alfonsina Storni antes de morir envió un poema absolutamente claro al diario Nación; y no entró caminando al mar como dice el mito, sino que se arrojo a él, en medio de una tempestad embravecida; y eso es más bello aun). Rodrigo Lira, también anuncio en un verso su muerte.
Dicen que los suicidas no avisan, dicen que dicen…

Yo siempre -pese a mi decisión firme de no morir- he pensado como sería mi muerte (sí, sí, ¡ya! ¡está bien! tengo pensamientos recurrentes de muerte ¿y qué? 😛 )
¿Qué podría condensar en ese momento todo lo que fue y lo que pienso al respecto? Así como Olof Palme, escogió con anterioridad a su muerte “Gracias a la Vida” de Violeta Parra, para ser tocada en su funeral…

…¿Qué escogería yo?…

Y la respuesta siempre estuvo clara.

Bye Bye Life, una gigantesca canción

(escribo esto entre otras cosas, porque hoy en la señal internacional de la televisión pública de mi país -Chile- vi como en una porquería de programa -un programa busca talentos llamado “Rojo”- un grupo de “jovenes soñadores”, desprovistos de culpa y carentes de todo sentido estético y de pudor asociado a él, la hacían pedazos, como regalo al público que tanto los apoyaba y fortalece…, y otras imbecilidades de ese estilo)

El asunto es que además, la película a la que pertenece –All That Jazz– es también maravillosa. Sin contar lo terrible que es sentirse terriblemente identificado con el personaje principal 🙄

Siempre he tenido dos escenas presente.

Una, cuando siendo ingresado de urgencia al hospital y acompañado de su esposa y de su amante (una a cada lado), mira a la esposa y le dice: “si muero te pido perdón por todo lo que te he hecho”, para de inmediato mirar a la amante y decir: “si vivo te pido perdon por todo lo que te voy a hacer”

La otra, ya casi al fin cuando en el hospital, besa a la anciana moribunda. Una belleza.

Escribo esto en un Cyber-Café son las tres de la mañana y me tengo que ir.
Así que dejo está canción que quiero para cuando definitivamente me vaya 😉

Si alguna vez mi voz deja de escucharse piensen que el bosque habla por mí con su lenguaje de raíces (Jorge Teillier)

BYE BYE LIFE – (All That Jazz)

El miedo a la muerte no existe…

 

“La grandeza del hombre está en ser un puente v no una meta: lo que en el hombre se puede amar que es un tránsito y un ocaso.
Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso, pues ellos son los que pasan al otro lado.”
(Nietzsche)

Taisen Deshmaru escribe (en La Práctica del Zen” ) la siguiente -bella y riquísima- historia:

El miedo a la muerte no existe.

Un monje portador de un documento de gran importancia que debía entregar en mano a su destinatario, se dirigía a la ciudad. para llegar a ella tenía que atravezar un puente, y sobre él se encontraba un samurai experto en el arte del sable que para probar su fuerza y demostrar su valentía había prometido provocar a duelo a los cien primeros hombres que atravezaran el puente. Había matado ya a noventa y nueve. El monje era el número cien. El samurai le lanzó el desafío y el monje le suplicó que le dejara pasar, puesto que el documento que llevaba era de gran importacia. “Os prometo venir a batirme con vos cuando haya cumplido mi misión.” El samurai aceptó y el joven monje fue a entregar el documento.
Antes de volver al puente se presentó en casa de su maestro para decirle adiós. “Debo ir a batirme con un gran samurai; es un campeón de sable y yo no he tocado jamás un arma en mi vida. Va a matarme.” “En efecto, le respondió su maestro, vas a morir. No tienes nada a tu favor, no has de temer ya la muerte. Mas voy a enseñarte la mejor manera de morir: blandirás tu sable por encima de tu cabeza, con los ojos cerrados, y esperaras. Cuando sientas un frío por encima del cráneo, será la muerte. Únicamente en ese momento desplomaras los brazos. Es todo…”
El joven monje saludó a su maestro y se encaminó al puente donde le esperaba el samurai. Éste le agradeció que fuera un hombre de honor y le rogó que se pusiera en guardia. Comenzó el duelo. El monje, sosteniendo el sable con las dos manos, lo levantó por encima de su cabeza y esperó sin moverse un ápice. Esta actitud sorprendió al samurai, ya que la posición de su adeversario no reflejaba ni miedo ni desconfianza.
Receloso, el samurai avanzó cautelosamente. Impasible, el monje estaba concentrado en la cúspide de su cráneo.
El samurai se dijo: “Con seguridad este hombre es muy fuerte; ha tenido el coraje de regresar para luchar conmigo; no es un simple aficionado.”
El monje, absorto por completo, no prestaba ninguna atención a los movimientos de su adverasario. Éste comenzó a sentir miedo: “Sin duda alguna es un gran guerrero, sólo los maestros del sable toman desde el principio del combate una posición de ataque. Además cierra los ojos.” El monje esperaba únicamente el momento en que sentiría un escalofrío por encima de su cabeza.
El samurai estaba completamente desamparado, no se atrevía a atacar, seguro de ser despedazado al menor gesto. El monje había olvidado al samurai, atento únicamente a aplicar bien los consejos de su maestro, a morir dignamente.
Los gritos del samurai le volvieron a la realidad: “No me matéis, tened piedad de mí. Creía ser maestro en el arte del sable; pero jamás había encontrado un hombre como vos. Os suplico que me aceptéis como discípulo, enseñadme la vía del sable.”

 

Eso.
Ojala estén todos bien.
Y recuerden:

“Muere un poco todas las mañanas al despertar. Y ya no temeras morir.”
Taisen Deshimaru

Mario.