América

¿Que diablos somos los latinoamericanos?
¿Somos occidentales? y ¿de que clase?

La pregunta puede parecer anodina, pero de verdad es un problema. Y es un problema, porque si nos constituimos a partir de un momento como “algo”; ese momento es un hiato.

Entre la historia impuesta y la historia arrasada; ahí, en el espacio vacío de la transición, en el gozne, en la bisagra, en la pura articulación de la violencia colonial..; ahí…, fuimos por primera vez.

Hijos de una cultura española contra-reformista y de una herencia india que se niega a desaparecer, henos aquí, carentes de un relato mítico que nos reúna en un origen común. Y no es que nunca lo hayamos tenido, nos hemos inventado de todo, desde “La Gesta Independentista” hasta el “Macondo”; de Bolívar a García Márquez. “El continente de la esperanza” dijo por ahí algún optimista que poco sabía de historia.

Pero, después de todo, esa falta de origen ¿es algo tan malo?
Habitar el hiato en la discontinuidad de nuestro existir; si después de todo tampoco nosotros como individuos- somos continuos.

América (y es claro que hablo de la olvidada, la del sur). El Continente del Espanto; de la Soledad Abismante, del Delirio.

Sí, del delirio absoluto producto de ese horror al vacío del hiato originario.

Carecemos de núcleo de sentido, somos pura abertura, pura exhalación. Y nos pensamos; y recuperamos los pedazos de un encuentro que nunca se produjo más allá de la violencia fundante de una Europa que en el descubrimiento de un nuevo mundo no se descubrió sino a ella misma -también- como diferencia.

Y sí, somos hijos de Europa, pero también somos hijos de esa América morena que habita en las sombras, y si el día de mañana llegan extraterrestres también seremos hijos de ellos. Porque esa es nuestra potencia; el poder ser lo que queramos, lo que creamos, porque en el origen…, no somos NADA.

Nuestra historia son todas las historias.

Por eso somos tan terriblemente literarios, aquí quien no escribe es la excepción. A falta de Historia rellenamos los huecos con Literatura, y lo hacemos bien. Pero las palabras tampoco alcanzan, tampoco dan abasto para saciar el hambre de origen, para cicatrizar la herida inicial, para pensar (y decidir) aquello que queremos ser.

Después de todo, América es también una gran Metáfora, un espacio simbólico, donde las identidades juegan en metonímico intercambio de papeles.

Y nosotros, nosotros habitamos entre el futuro y la angustia, sin saber que decidir, sin darnos cuenta que debemos guardar silencio y buscar en la angustia -y no en otra parte- nuestro porvenir.

Un beso en la oscuridad
Alkkáno

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A proposito de un comentario

¿Que hacer cuando el terror se instala el centro de lo social?
Unos cuantos atentados y ya resulta que no solo nuestro vecino puede ser un homicida, sino incluso un país entero…, y una etnia…, y una religión.
Hace unos días un conocido me decía:

“Lo que pasa es que occidente siempre a sido superior en términos culturales al Islam, y la defensa de nuestros valores es la defensa de un modo de vida más civilizado.”

Y ahora resulta que de un día para otro:

•Occidente es algo
•La historia progresa
•Hay culturas desde las que se pueda juzgar a otras y considerarlas inferiores
•Tenemos valores comunes
•Nuestra civilización se evalúa en términos morales
•Un Latino Americano puede considerarse plenamente occidental

Lo que obtuvimos tras años de debate, estudio, vida y especulación ya no vale nada contra el miedo y la prepotencia de la ignorancia.
Podrán decir que también estoy razonando desde la amenaza de perder lo “progresado”; pero sólo afirmo mi diferencia. Una diferencia que dice que es una entre tantas, una diferencia que no comparte credos, ideologías y hasta sensibilidades diversas, pero que las afirma como posibilidad de lo humano.

Al fin y al cabo ¿que es lo humano sino pura posibilidad? ¿Y en tanto posibilidad un constante abrirse al otro incluso en su cerrazón?

Pero ante el miedo, suspendemos la razón y negamos la diferencia; el otro ya nos otro, sino “eso”; lo que nos amenaza, lo que puede dañarnos, cosificamos la diferencia y actuamos en rigor. Pero la diferencia no es una cosa y solo las cosas no responden y nuestro miedo se reafirma.

Pero bueno, mejor paro con esto, son las 8 y 30 de la mañana y no he dormido en toda la noche, y quiero estar despierto por si el mundo se va acabar.

Alkkáno
Un beso en la oscuridad