El Club de los Suicidas.

Ayer sabado me junté con un amigo que no veía hace años y nos tomamos una cervezas mientras ecuchabamos Jazz; hoy es acádemico en México y estaba de paso por Argentina  por una investigación. Juntos hace años, militamos en Chile.

El asunto es que durante la conversación, surgió el clásico “¿y qué fue de…?” …
Y lo de siempre…, muchos se han suicidado.
(cada año me entero de uno o dos suicidios)

Es terrible ver como el re-acomodo, los nuevos tiempo, esa…, “la panacea” democrática por la que lucharon, simplemente ha sido demasiado frustrante dado el nivel de compromiso que se puso en su conquista.

Se puso el cuerpo, y el cuerpo fue quien sufrió las consecuencias de la decepción…

También hay que decir que muchos se hicieron la vida literalmente “pelota” durante la resistencia a la dictadura y, que cuando llegó el momento de vivirla…, ya no quedaba mucho que vivir.

La verdad yo ya no me preguntó el motivo, si lo que vivimos hoy en Chile es bueno o malo; yo ya tengo mi opinión formada y no es ni buena ni mala (pues no creo en esas categorías).

Simplemente asumo que pertenesco a un estrato generacional de suicidas, por decepción vital, debido a decepción política.

Personalmente siempre he creído que hace más quien vive por una causa a quien muere por ella. Pero no puedo dejar de recordar a mis compañeros y lamentarlo. Su muerte -aun en democracia- es un triunfo de la dictadura.

Mario.

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Suicidio

Hace años-unos 20- discutía con un amigo [que no veo hace años] en la escuela de Filosofía del Peda, sobre el suicidio.
Recuerdo que Dimitri (así se llamaba) me decía que el suicidio era un acto de renuncia total de la Libertad pues la bala -como ejemplo de una de las formas de la muerte y extendible a todas éstas- siempre venía de afuera. Y yo le respondía, que el suicidio era -si se realizaba de forma conciente- un acto supremo de Libertad, en que nos apropiabamos del mundo en un acto volitivo absoluto.
Todo esto, frente a la mirada espantada de nuestros contertulios.

Y es que de verdad, el suicidio siempre me ha parecido un tema; en el sentido de la afirmación de Camus, respecto a la vida y acerca de que la pregunta fundamental es si ésta merece ser vivida.

En los comienzos de la Era Cristiana (esa que era y que sigue siendo, pero le queda poquito 😛 ) se puso de moda entre grupos maniqueos y gnósticos con infuencia maniquea o neoplatónica, el suicidio filosófico. El abandono voluntario de la existencia material, degradada y degradante, para reencontrase con el Uno, con Dios, con lo que sea…

Posición que la Iglesia condeno violentamente. Por una defensa de la vida, diría; pero habría que contextualizar que se trata de la defensa de una vida que ya no era de propia pertenencia, sino que le pertenecía a Dios.
En el fondo la Iglesia defendía la vida, porque ya la había robado, ya se la había apropiado; ya nos había “suicidado” a todos.

Hoy la norma garantiza en la mayoría de las constituciones de occidente el derecho a la vida de manera similar -dicho en genérico pues las diferencias entre las fuentes del Derecho Latino y Anglo-Sajón no son pequeñas- y delega tal responsabilidad en el Estado…, es decir, el Estado o la Comunidad Organizada, están por sobre la decisión individual, de seguir o no seguir viviendo. El intento de suicidio es delito 😯 , lo que es ridículo considerando que…, si te intentas matar ¡y te matas! no hay como condenarte… 🙄

Yo soy de los que creen que tiene que reconocerse el derecho al suicidio (lo que me ha traído no pocas peleas), el derecho libre, autónomo y soberano, de decir:

  • – Ya no quiero.
  • – Me harté.
  • – Basta.
  • – Ya no más.

Y no sólo me refiero al suicidio asistido en caso de estados graves de salud, sino el aceptar que una persona puede querer matarse, si le da la gana; y no -en el caso de que falle- encerrarla por su seguridad.

No se lea esto como un llamado a la muerte en masa (nada más lejos de mis intenciones) sino como una posición de principio que supone que uno es dueño -o debe aspirar a eso- de su destino.

Lo que no es tan delirante si consideramos el tema de la muerte asistida, en que la ley obliga a enfermos terminales en estado de sufrimiento permanente a padecer, en vez de morir en paz.

Yo personalmente no creo que el suicidio sea una opción; pues me parece que es un discurso significador y por tanto una construcción ilusoria sobre una realidad que es puro vacío. Soy un convencido que habitar sobre el abismo, implica el mirarlo a los ojos y tener que bancarse la mirada de vuelta; y si no te la puedes, bueno, tienes una vida para mirar, y mirar, y mirar…

Pero no todos piensan como yo. Y es parte de su derecho el continuar o no…

(Escribo esto y recuerdo a Russo hace unos días, gritandome: LIBEEEERAAALLLL….) 😛
jajajajajajajajajajajjajaja.

No se…
A lo mejor…
¿Algo que decir…?
Es un tema que no tengo resuelto.

Un beso a todos. Ojala estén bien.
Mario.